El mundo del bebé

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El mundo del bebé

On abril 6, 2017, Posted by , in Sin categoría, With No Comments

En muchas ocasiones, cuando vemos a un bebé en su cochecito, pensamos: “¡Mira qué cosita tan mona!”. Pero si nos paramos a pensar un poco más profundamente y a evaluar la situación, puede que nos lleguen a entrar ciertos calores, con sus inmediatos tembleques posteriores. ¿Por qué? Por miedo, temor, a lo desconocido. Está claro que los bebés molan para un rato, pero… ¿y cuando son nuestros? Para los que no hemos sido padres aún es una cosa que impone. Que gusta, por supuesto, pero el comenzar nos supone una muralla. Porque eso de “manual de instrucciones para bebés” aún no está inventado. Y no vendía mal, sinceramente…

Esos pequeños gigantes: los bebés

El mundo del bebé es un universo muy extenso. Resulta inexplicable cómo seres tan pequeños pueden ser tan complejos.

A… gugutata:

¡Gran frase la del título! Y trending topic entre las conversaciones con bebés. Estas palabras, casi imposibles de pronunciar por los adultos, son las más usadas entre los peques. Algún significado especial e importante deben tener, digo yo…

Resulta verdaderamente curioso ver como, bebés que no levantan un palmo del suelo, pueden llegar a entablar conversaciones. O por lo menos eso parece… Se miran a los ojos, intercambian versiones del “a… gugutata”, hasta incluso parece que afirmen con la cabeza. Y nosotros, desde la otra esquina de la habitación, nos quedamos pasmados mirándolos sin ser capaces de entender ni aunque sea un fragmento de lo que dicen.

¿Esto es normal?

Los bebés no sólo son capaces de comunicarse. Seguro que se quedan muchos pensamientos para su interior que no los expresan. Imaginemos la situación… Un bebé tranquilamente en su cochecito. De repente unas manos gigantes que inevitablemente caen sobre sus mejillas. Y como si de una masa de pan se tratase, empiezan a estrujar y a mover con movimientos laterales. ¿Qué pensaran entonces ellos? Dudo mucho que estas muestras de cariño les gusten. Más bien creo que estará pensando “Si quieres te digo dónde te puedes meter esas manitas…”.

Pies y manos, juguetes baratos

Dentro de la complejidad del mundo del bebé, existe cierta simplicidad, aunque tan sólo sea en ciertos aspectos… Tienen la capacidad de ser felices con cosas simples. Resulta curioso cómo son capaces de entretenerse tocándose los pies y las manos cuando se los descubren. Pueden pasar horas y horas tocándose sus extremidades, explorando esa novedad desconocida para ellos hasta hacía poco. Intentad hacerlo vosotros, señores adultos. Por una parte, vuestros cuerpos peligrarían en quebrar, ya que las posturas que adoptan los bebés en estos casos son “imposibles”. Por otra parte, porque al segundo contacto mano-pie estaríamos aburridos y cambiaríamos de juego o de quehacer. ¡Asegurado!

Esos gigantes pequeños: los adultos

Hemos analizado un poco el mundo infantil desde el punto de vista del bebé. Pero… ¿y los adultos? ¿Qué papel nos toca jugar en este entramando? ¿Cómo actuamos frente a estos pequeños seres?

¿Por qué hablo “Balleno”?

Sí, “Balleno”. Habéis leído bien. Ese idioma que se hizo famoso en la película de Disney “Buscando a Nemo“. Y es que, no sé muy bien por qué, es el idioma que usamos para dirigirnos a los bebés. Les hablamos lento, con un tono de voz excesivamente elevado y ayudándonos de gestos aclaratorios con nuestras manos y brazos. ¿Será preciso todo esto? Dejadme dudarlo…

Por no hablar de las palabras que nos solemos inventar como “chichi” para la carne o “ma” para el agua. Y si no las usamos, no pasa nada, les metemos infinidad de diminutivos… Así que los bebés tengan un mayor caos mental de palabras que, cuando tengan dos dedos de conocimiento, no creo que usen demasiado…

¿Un bebé se puede romper?

Puede que este sea uno de los mayores temores que tenemos los adultos. Los vemos tan frágiles que tememos que en algún movimiento brusco acabemos con dos bebés en lugar de uno, y no precisamente porque se hayan creado unos gemelos de la nada… Es por eso que muchas veces los tocamos con miedo, los sobreprotegemos, etc. Sólo nos faltaría coger plástico de burbujas (ese que tantos momentos de entretenimiento nos ha brindado mientras no dejábamos ninguna burbuja viva) y envolver a nuestros bebés, y así asegurarnos que ningún agente externo pueda afectar sus pequeños cuerpos.

Mi madre… ¿y ahora qué hago?

Estar con bebés es un martilleo constante de dudas que bombardean nuestras cabezas. Nadie nos ha explicado cómo acompañarles en su crecimiento, no existe ninguna ciencia exacta que explique cómo reaccionar frente a cada una de las situaciones, por desgracia cuando nacen no vienen con un manual de instrucciones debajo del brazo (mucho más útil que el típico pan), etc. Sino que todo, o por lo menos al principio, es muy difuso, muy abstracto. Como si se viviera en una niebla constante. Y es que cuando un bebé abre la boca para llorar, esos sonidos, en ocasiones guturales y en ocasiones alarmantes, pueden significar infinidad de cosas. Así que te aferras a la ruleta de la suerte y pides que tu reacción sea la apropiada. Y si la exclamación a tu acción es un “¡Bingo!” es que has dado en el clavo.

¿Soy alégico a los bebés?

Después de leer todas estas frases, nos han podido ocurrir dos cosas. La más optimista, la que ha hecho que se nos despierte el instinto maternal o paternal, y creemos que en nuestras vidas nos hace falta un bebé para llegar a considerarla plena. La más pesimista, la que ha hecho que al pensar con bebés nos salga una especie de urticaria que nos haga alejarnos de ellos y de su alrededor.

En ambos casos la decisión es nuestra, o del pesado/pesada que tenemos al lado como pareja sentimental. ¿Estamos preparados para vivir entre pañales, pomadas, salivas, papillas, “a gugutatas”, y una infinidad de cosas más? ¿O preferimos seguir con nuestro día a día, sin añadir un “elemento” extra?

Sea cual sea la elección tomada, será correcta… Eso sí, deberemos tener en cuenta que tarde o temprano acabaremos luchando contra el “ejército pañal”, y es que si tantas personas han acabando cayendo en sus garras, por algo será…

¿Puede que la palabra exacta para describir esta sensación sea “gratificante”?

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